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RECLAME QUE ALGO QUEDA... SI LO HACE CORRECTAMENTE

Estaba realmente hastiada y si se hubiese cruzado con la vecina del piso superior, su molestia la hubiese llevado a decirle cualquier barbaridad. Más...

 El problema de Silvia, que no dudaba en catalogarlo como tal, se originaba porque la vecina del piso superior, era tan amante de los animales que podría decirse que los coleccionaba y vivía acompañada de 8 perros de distintas razas y tamaños que, seguramente le hacían mucha compañía a su dueña pero, se habían transformado en un dolor de cabeza para los vecinos del condominio y edificios aledaños.

 El asunto era que a pesar que esta persona tomaba todas las precauciones posibles al pasear a los animales, cuando salía de casa comenzaba el suplicio para los vecinos, producido por el concierto de ladridos de los animales que desesperadamente trataban de llamar la atención de su ama ausente.

 La situación se presentaba diariamente durante el horario laboral, momento en que se aunaba a los ladridos los olores producidos por las evacuaciones de los animales y que los propietarios suponían debían ser insoportables en el departamento pues se percibían en los adyacentes, y peor aún cuando esta persona salía en las noches o fines de semana, que afortunadamente ocurría muy eventualmente, porque en estos momentos que había más silencio el escándalo producido por los animales se hacia realmente molesto.

 Justamente era una de estas extrañas ocasiones las que “llevaban por la calle de la amargura” a Silvia, quien dando vueltas en la cama en medio de un concierto de ladridos se dijo que al siguiente día le pondría fin al tormento.

 Concilió el sueño pensando las cosas que iba a decirle a la vecina sobre sus perros y el respeto a la tranquilidad ajena.

 Cuando se tiene razón, hacerla valer

 Quienes han sido parte de un Comité de Administración de un condominio, saben lo reiterado que resultan las peticiones de propietarios para que reclamen o llamen la atención a vecinos que generan alguna incomodidad o problema a un individuo o a la colectividad.

Esta exigencia, que pudiera tener sentido como apoyo a la acción correctiva realizada por el propietario que detecto la actuación inconveniente, llega a extremos tales como que problemas particulares entre dos propietarios (como pudiera ser un tubo de agua roto de un apartamento que inunda otro) se presenta a la junta para que gestione su solución y no necesariamente como facilitador de acuerdos o mediador de las diferencias, sino como representante de la parte afectada en el reclamo al causante.

 La manera más efectiva de lograr y mantener condiciones adecuadas para la comunidad es, como hemos señalado con anterioridad, a través de la definición y muy especialmente con el cuidado colectivo de las mismas.

 Es justamente la presión del colectivo la que, más que corregir, disuaden la trasgresión a los acuerdos. Pero así como destacamos la responsabilidad que todos tenemos en cuidar se respete el derecho común, es importante cuidar la forma como se “impone” este respeto.

 Lo cortés…

 En una comunidad el primer paso para solventar cualquier diferencia es compartirla (ponerla en conocimiento) con quien la causa. Sorprende la cantidad de problemas que existen en los condominios porque no fueron atendidos cuando apenas eran pequeños inconvenientes y también la ausencia de soportes de reclamos hechos a personas con conductas inconvenientes que dificulta actuar cuando la situación llega a ameritarlo. Evidentemente resulta más cómodo evadir la confrontación y este termina siendo el comportamiento de la mayoría de las personas. Pero el resultado de un análisis simplista puede degenerar y lo que lo que inicialmente es una molestia que con una simple conversación, o en extremos con la entrega de una carta, se hubiese resuelto, ante el vacío dejado por los propietarios que deciden evadir el inconveniente, tiene muchas posibilidades se transforme en un practica que perturba repetidamente la tranquilidad de la comunidad.

 En la mayoría de las ocasiones que un condominio se “harta” con los abusos de alguno de sus miembros, cuando decide actuar tiene que afrontar que carece de las pruebas que evidencian que las molestias son continuas y causan perjuicio a otros. En ese momentos le toca comenzar a “armar el caso” y corre el riesgo de ser incompleto (algunos afectados pueden estar “no ubicables”), inexacto (por olvidos e imprecisiones) o transformado en una carga adicional, cuando ha podido ser el simple acopio de los documentos generados sucesivamente durante las oportunidades que se presentaron los hechos.

 El reclamo como forma de actuación responsable

 En el caso que comentamos inicialmente, es recomendable que Silvia comience por conversar con la vecina propietaria de los perros haciéndole ver las molestias que sufre. Ello podría hacerlo visitándola, previo acuerdo del momento para generar la menor molestia posible (tener  tranquilidad ayuda a manejar la situación), acompañada de ser posible de otro vecino que: de fe de la iniciativa para el caso que no logre soluciones inmediatas y también para ayudar a mantener la calma llamando la atención si llegase a “tomar calor” la visita.

 En caso que el acercamiento resulte infructuoso, es conveniente pasar al reclamo formal por escrito que puede realizarse individual o colectivamente (en un problema como por ejemplo de ruidos molestos, seguramente los afectados serán varias personas) y que en lo posible debe contar con acuse de recibo por parte del causante. Previendo la negativa a la aceptación de la comunicación, es recomendable entregarla en presencia de testigos que puedan escribir como nota marginal en la copia el rechazo y que además es un mecanismo disuasor de una reacción agresiva que el receptor de la comunicación pudiese generar. De más esta decir que de estas gestiones es recomendable mandarle copia al Comité de Administración del condominio y al Administrador.

 Para una eventualidad que implique a varios propietarios es conveniente pedir el apoyo (en esta condición, pues son los directamente afectados los llamados a realizar los correctivos necesarios) del Comité de Administración, que pudiese ser facilitador en la consecución de los acuerdos que viabilicen la solución del problema. Allí se debería contar con los testimonios recabados de los afectados, así como con fotografías, experticias y peritajes, que confirmaran que las imputaciones que hacen los afectados son ciertas.

 Dependiendo del tipo de problema pudiera apelarse a instancias externas al condominio: la Municipalidad a través de su oficina de mediación para lograr una concertación, el juez de Policía Local; la Comisaría de Carabineros del lugar si el asunto tiene que ver con el orden publico y tribunales si existe daño patrimonial o amenaza a la integridad física.

 Es justamente cuando se apela a estas instancias que es necesario contar con pruebas que demuestren, fehacientemente, que los reclamos que se hacen corresponden a violaciones de la ley o de derechos. Pero como hemos señalado, en la mayoría de las ocasiones cuando alguna persona con conductas impropias percibe que su entorno esta pendiente de sus excesos y deja constancia de ellos (lo que lo coloca en situación de debilidad pues posibilita la actuaciones en su contra), se controla y evita ponerse en riesgo.

Quisiera terminar diciendo que ojalá nunca tengamos que confrontar a un vecino porque actúa indebidamente, pero ello es irreal; así que si la realidad no nos lleva por esta experiencia, transitémosla respetando los derechos de todos (incluso los de quienes causan el problema) pero de forma que logremos con el menor trauma solventar las diferencias.

Si no se queja ante quien debe y a tiempo, no se queje ante el resto.

Copropiedad Inmobiliaria- Fono: (08) 664 0431 - Santiago -

Fuente: MiCondominio.com-Venezuela

Modificado por última vez en Jueves, 29 Octubre 2015 16:26

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